La irrupción arrasadora de la inteligencia artificial en la vida, que incluye nuestra profesión, obliga a una reflexión serena. Aceptar tranquilamente que se trata de una herramienta, como si estas no condicionaran severamente los fundamentos de la existencia humana, no puede ser una respuesta. Se trata de pensar más allá de cuestiones instrumentales y recordar, como lo hace lúcidamente León XIV, que la calidad de una civilización “se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer”. Y, en la arquitectura, el “cuidado” tiene un carácter esencial.