En La decisión de partir, de Park Chan-wook, se cita una frase de Confucio que dice más o menos así: “Los hombres sabios aman el océano, mientras que los benévolos prefieren las montañas”. Nos encontramos proyectando edificios en ambas geografías, y la disyuntiva confuciana nos interpela. Quizás la opción no sea taxativa, y al menos no lo es para la cultura judeocristiana, en la que sabiduría y bondad se complementan bajo una estricta causalidad. Esperemos que enfrentarnos con el mar y la montaña simultáneamente nos vuelva más sabios y también más bondadosos.
Dos torres de altura media conectadas por su basamento social, en el cual se desarrollan las actividades comerciales, recreativas y de descanso. Los edificios, ejecutados con materiales cálidos, se elevan sobre el paisaje y se emplazan de manera de aprovechar las vistas hacia el entorno.
50 casas que proponen un equilibrio entre el edificio y la vivienda particular, buscando las ventajas de ambas tipologías. La comodidad de un conjunto con servicios y el sentido de pertenencia de una casa propia. Un proyecto que apunta a establecer un modo de vida distinto y a convertirse en marca.
En el bosque y frente al campo de golf, se destaca el emplazamiento oblicuo de esta casa, subrayado por las líneas horizontales. Una materialidad natural y cálida, con especial atención en su inserción en el paisaje. Construida en steel frame, y atenta a la sustentabilidad, la casa se eleva liviana sobre el terreno.